Lo que los profesores rara vez te explican


Seas principiante, intermedio o avanzado, estes tomando clases de guitarra, violín, saxofón o un largo etcétera, estes tomando clases de Artes plásticas o de escritura creativa o de teatro. En fin lo que sea que estes aprendiendo. Lo que los profesores no te explican es cómo hace tu cerebro para aprender.

Pueden darte información sobre la estrategia de repetición, pero, ¿es cierto que debes repetir y repetir y repetir?… alguna vez eventualmente vas a aprenderlo, indudablemente, pero cuanta energía debes invertir?

En clase y frente al profesor/a, la primera respuesta a tus “equivocaciones” es que le has dedicado poco tiempo, debes dedicarle más. Pero ¿te explican a qué estuviste dedicando el tiempo de práctica realmente?

Recuerdo mi infancia, las tardes calurosas viajando en bus con mi guitarra a la casa del profesor donde me daba clases. Llevaba mi guitarra, mis libros y mi cuaderno donde muy ordenadamente él me anotaba al final de cada clase las fechas de los días de la semana hasta la siguiente clase, para que llevara recuento de mis minutos de estudio: mínimo 60. Además de una lista de tareas a completar.

En realidad nunca cumplía esa cantidad de tiempo de práctica con la consecuente regañada de su parte.

Pero me había aclarado perfectamente como practicar, comenzar con un compás e ir avanzando muy lentamente sin agregar otro hasta que pudiera dominar a la perfección lo que tenía entre manos. Sin embargo, a pesar de dominarlo, quizá un día tocaba bien y al siguiente no, en realidad la inseguridad era tal que ahora me explico esa falta de motivación para practicar. ¿Cómo lograrlo teniendo resultados tan dispares?

No fue hasta que comencé a dar clases, luego de pasar por conservatorios y escuelas de música de diferentes países (una larga lucha de más de 15 años de práctica y estudio) que logré formular las preguntas necesarias para resolver la problemática.

El secreto no es repetir, el secreto es saber qué estas repitiendo, por qué lo estas repitiendo y, si es necesario, cómo hacer para cambiarlo y repetir lo que correspondería repetir.

Y esto me llevó a entender que somos una máquina perfecta de aprender, no debemos aprender a aprender, al contrario, somos tan buenos aprendiendo que terminamos aprendiendo lo que no nos sirve (ejemplo claro son las mañas). No nos lleva nada de tiempo aprender algo, que nos sirva o no nos sirva es un tema aparte. Pero justamente el detalle es el Tema: saber cuáles son los detalles que conforman ese aprendizaje que tenemos que dominar. Porque son los detalles los que hacen la diferencia.

Es entonces que comienza el largo camino hacia la Metodología EAH.

Pero esto ya es tema de las siguientes entradas de este Blog 😉

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